Más de 900 trabajadores se habrían adherido al retiro voluntario impulsado por el Gobierno nacional. Desde la Experimental Marcos Juárez reconocen que habrá que reorganizar tareas y priorizar actividades para sostener las líneas de investigación y extensión.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) atraviesa uno de los procesos de transformación más profundos de los últimos años. La implementación del Plan de Retiro Voluntario impulsado por el Gobierno nacional, que busca reducir la planta de personal del organismo, genera inquietud en distintos sectores vinculados al agro ante el posible impacto sobre las tareas de investigación, desarrollo y asistencia técnica.
En diálogo con FM Libre, el director de la Estación Experimental Agropecuaria INTA Marcos Juárez, ingeniero Guillermo Gerster, explicó que la medida responde a una política de reducción de personal impulsada por el Gobierno nacional y que sus efectos son diferentes según cada dependencia del organismo.
“Impacta de formas variadas según se trate de estaciones experimentales o de agencias de extensión”, señaló. En el caso de Marcos Juárez, indicó que 12 trabajadores sobre un total de 123 se adhirieron al retiro voluntario. “Obviamente se generan pérdidas de capacidades, pero podemos sostener las líneas de trabajo que se venían llevando adelante”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que la situación es más compleja en otras regiones del país. “Hay agencias de extensión que han quedado prácticamente sin personal, ya sea profesionales, técnicos e incluso administrativos”, remarcó.
Gerster explicó que el proceso es muy reciente, ya que la adhesión al plan finalizó la semana pasada, por lo que ahora comienza una etapa de reorganización interna. “Todo esto genera una necesidad de reestructuración y una revisión de los grupos de trabajo para definir cómo continuamos”, expresó.
Si bien todavía no existe una cifra definitiva de trabajadores que accederán al beneficio debido a que algunos postulantes no cumplían con los requisitos exigidos, estimó que alrededor de 905 personas se habrían adherido en todo el país sobre una planta total cercana a los 5.700 empleados.
“El objetivo que tenía el Gobierno era llegar a unos mil retiros, por lo que desde ese punto de vista la convocatoria fue exitosa”, indicó.
No obstante, el directivo puso el foco en la pérdida de recursos humanos altamente capacitados. “Se está retirando gente muy formada y cercana a la jubilación. No sé si es un buen negocio para el Estado porque se trata de profesionales con una enorme experiencia acumulada”, sostuvo.
Además, recordó que la formación de investigadores dentro del INTA demanda años de inversión y capacitación. “Hay un proceso que comienza con becarios y que puede llevar cuatro años hasta alcanzar niveles de especialización importantes. Recuperar esos perfiles llevará tiempo”, explicó.
Respecto de las áreas más afectadas, consideró que todavía es prematuro realizar un análisis definitivo, aunque reconoció que existen líneas de trabajo sensibles que podrían resentirse. “Se afecta a muchas regiones donde había personal muy capacitado en meteorología, manejo de suelos o mejoramiento de alfalfa. Son áreas que va a costar mucho sostener y que requerirán incorporar y formar nuevos profesionales”, afirmó.
En cuanto a la reacción del sector agropecuario, Gerster aseguró que existe una preocupación generalizada, especialmente entre productores y actores que mantienen una relación cercana con la institución.
A modo de cierre, recordó que el INTA ya atravesó procesos similares en otras etapas de su historia y se mostró confiado en la capacidad de adaptación del organismo. “Podemos seguir funcionando con todas nuestras estructuras, pero necesitamos ordenarnos internamente, priorizar actividades y, en algún momento, incorporar nuevo personal que es necesario para sostener el trabajo que realiza el instituto”, concluyó.

